2º Domingo de Pascua (A) (23 de abril de 2017)

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Santo-Tomás-Apóstol C

“Mete tu dedo en las llagas de mis manos; y tu mano en la llaga de mi costado. Y en adelante no seas incrédulo sino fiel”.

A pesar de que el Señor nos ha dado pruebas más que suficientes para creer en Él, ¿en cuántas ocasiones nuestra postura es como la de Santo Tomás Apóstol? De todos modos, la paciencia y el amor de Dios hacia nosotros son tan grandes que siempre viene en nuestra ayuda cuando la fe se debilita: “Mete tu mano en mi costado”.

¿Por qué es tan pequeña nuestra fe? Principalmente por cuatro razones: el poco amor a Dios, nuestros pecados (que son el peor lastre), nuestras imperfecciones y el poco tiempo que le dedicamos a Dios.

1.- Las personas que se aman siempre confían el uno en el otro. Si amáramos más a Dios, creeríamos con los ojos cerrados todo lo que Él nos enseña, y aceptaríamos sus planes pues siempre son mejores que los nuestros.

2.- Nuestros pecados son siempre el peor lastre para la fe, pues llega un momento en el que uno pacta con sus pecados y deja de creer, que el camino que Él nos ofrece es siempre el correcto. Uno acaba justificando sus desviaciones, y luego acusa a la Iglesia de retrógrada y de no vivir con los tiempos actuales. Por ejemplo son temas conflictivos para la moral y la fe del mundo moderno: anticonceptivos, matrimonio indisoluble, homosexualidad, paternidad generosa, recepción de la Eucaristía sólo cuando se está en estado de gracia…

3.- Nuestras imperfecciones, que hacen que los caminos del Señor nos parezcan exagerados, y por ello dificultan el progreso de nuestra fe.

4.- Y enumerando la última razón que explique nuestra poca fe - aunque podríamos nombrar muchas más -, está el poco tiempo que le dedicamos a Dios. Como decía un famoso pensador :¿Acaso crees que con la media hora semanal de la Misa y un Padrenuestro mal rezado en medio de las prisas de la noche antes de acostarte, vas a tener crédito suficiente para emprender el negocio más importante de tu vida: tu salvación? Para las cosas que nos gustan siempre encontramos tiempo. Para las cosas necesarias siempre hacemos tiempo, ¿acaso Dios no es lo más necesario en tu vida? Si la respuesta es no, ahí radica la debilidad de tu fe.

Digamos como el apóstol: “Creo, Señor, pero fortalece mi fe”.

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