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Domingo de Resurrección (16 abril 2017)

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El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que incluso la iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.

Nos dice San Pablo: "Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales". No se puede comprender ni explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

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Domingo de Ramos (9 abril 2017)

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El Domingo de Ramos es el día en el que recordamos la "entrada triunfal" de Jesús en Jerusalén; exactamente una semana antes de su resurrección (Mateo 21:1-11). Unos quinientos años antes, el profeta Zacarías había profetizado: "Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna."(Zacarías 9:9). Mateo 21:7-9 registra el cumplimiento de esta profecía: “y trajeron el asno y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Este hecho tuvo lugar el domingo antes de la crucifixión de Jesús.

Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.

Explicación de la Misa del Domingo de Ramos

La Misa se inicia con la procesión de las palmas. Nosotros recibimos las palmas y decimos o cantamos “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. El sacerdote bendice las palmas y dirige la procesión. Luego se comienza la Misa. Se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo.

Al terminar la Misa, nos llevamos las palmas benditas a nuestro hogar. Se acostumbra colocarlas detrás de las puertas en forma de cruz. Esto nos debe recordar que Jesús es nuestro rey y que debemos siempre darle la bienvenida en nuestro hogar. Es importante no hacer de esta costumbre una superstición pensando que por tener nuestra palma, no van a entrar ladrones a nuestros hogares y que nos vamos a librar de la mala suerte.

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Domingo V de Cuaresma (A) (2 abril 2017)

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Resurrección de su amigo Lázaro
(San Juan 11: 1-45)

En el evangelio de hoy vemos remarcada de un modo especial la doble naturaleza de Jesucristo: su naturaleza humana (lloró por la muerte de su amigo Lázaro), y su naturaleza divina (por su propio poder resucitó a su amigo Lázaro).

Este evangelio nos presenta la trágica situación que vive una familia cuyos miembros eran íntimos amigos de Jesús: la formada por Lázaro, Marta y María. Jesús solía hospedarse en su casa cuando pasaba por Betania. Todos conocemos el episodio de Marta y María. 

Estaba Jesús lejos de Betania, cuando le avisaron que su amigo Lázaro estaba gravemente enfermo. Jesús ocupado en otras cosas se entretuvo, y cuando llegó a Betania, "Lázaro ya llevaba cuatro días muerto". 

  • A veces nos puede dar la impresión que Jesús se hace demasiado de rogar cuando le hacemos una petición. A nosotros nos gustaría que nos solucionara el problema de inmediato. Incluso a veces creemos que no nos oye. No olvidemos que Cristo siempre nos oye y que Él actuará según el modo y el momento que crea más oportuno. Recordemos que sus caminos siempre son mejores que los nuestros.

El evangelio de hoy también nos habla de la resurrección de los muertos al final de los tiempos. Nosotros creemos que del mismo modo que Jesús resucitó de entre los muertos al tercer día, también resucitaremos nosotros para vivir una vida nueva que será de gozo (si fuimos fieles a Dios) o de sufrimiento eterno (si no lo fuimos). (1 Cor 15: 12-20; Mt 25: 31-46)

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Domingo IV de Cuaresma (A) (26 marzo 2017)

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(San Juan 9: 1-41) 

Los discípulos le preguntaron a Jesús acerca de un problema que les preocupaba: “¿Maestro, quien pecó, este hombre o sus padres, para que naciera ciego? Deberíamos adquirir la costumbre de preguntarle a Jesús cuando tengamos dudas, problemas o no sepamos qué hacer en nuestra vida. Él nos puede dar luz, fe, solución  y aceptación de los mismos.

La respuesta de Jesús fue muy clara: “Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Con mucha frecuencia nosotros pensamos que las malas cosas que les ocurren a las personas son consecuencia de sus pecados. En alguna ocasión puede ser verdad, pero no siempre. Muchas de las cruces que tenemos que “cargar” son consecuencia del amor de Dios y no de nuestros pecados. Él quiere compartir su cruz con nosotros.

A pesar de que Jesucristo les dio respuesta a esa pregunta hubo muchos que no la aceptaron: “No puede venir de Dios este hombre, pues no guarda el sábado”. El que había sido ciego intentó explicar lo que le había ocurrido pero tampoco aceptaron su respuesta: “¿Acaso intentas enseñarnos a nosotros, tú que eres pecador desde tu nacimiento?” Y es que cuando nuestro corazón está cerrado a la verdad, aunque sea el mismo Dios quien nos hable, nunca escucharemos su respuesta.

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Domingo III de Cuaresma (A) (19 marzo 2017)

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Jesús y la Samaritana (Jn 4: 4-45)

El evangelio de hoy nos cuenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Los apóstoles habían ido a un poblado cercano para comprar algo de comida. Jesús, cansado del camino, se quedó junto al brocal del pozo de Jacob.

En esto que llega una mujer samaritana a buscar agua. Eran como las doce del mediodía. Jesús, sediento, le pide agua. La mujer samaritana se extraña de que un judío hable con un samaritano (entre ellos no se hablaban). Para Jesús no hay extraños ni enemigos. Esta mujer era pecadora; pero Jesús se acercó a ella para ayudarle a salir de su pecado.

Jesús le pide a la samaritana agua para calmar la sed y le ofrece a cambio un “agua viva” que le calmará “la sed” para siempre. Pero para poderle dar esa agua viva hay un obstáculo, la mujer vivía en pecado, había tenido cinco maridos, y con el hombre con el que ahora vivía no estaba casada. Jesús se lo hace saber. A través de estas palabras, la mujer le reconoce como profeta. La mujer dice que el pueblo estaba esperando la inminente llegada del Mesías. Jesús le responde diciendo que Él es el Mesías esperado.

Acabada la conversación inicial, la mujer se volvió a su pueblo proclamando que había visto al Mesías. Cuando la oyeron, muchos fueron al pozo para ver y escuchar a Jesús. El evangelio nos dice que muchos samaritanos creyeron en Jesús por la palabra de la mujer.

Sólo Jesús tiene el “agua” que puede calmar nuestra sed para siempre. El hombre anda buscando la felicidad. Muchas veces la busca en los placeres, las cosas materiales, el poder…, pero nada de ello es capaz de calmar sus ansias. Hasta que el hombre no prueba “el agua de Dios” (la gracia) no se da cuenta de cuánto ha perdido. ¡Cuántas personas viven toda su vida sin haber gozado de otra cosa que de lo material! ¡Cuántas personas viven sin haber intimado nunca con Dios! Hay incluso muchos cristianos que van a Misa, reciben con frecuencia los sacramentos, rezan…, pero nunca han sido capaces de dar un paso más y ser realmente amigos de Jesús. Para ellos, Jesús es algo más en su vida; pero no es “su vida”.

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