• Home
  • Parroquia
  • Domingos y Festivos

XXVII Domingo del T.O. (A) (8 octubre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 3.63 (4 Votes)

vinadores infieles

Mt 21: 33-43

Parábola de los viñadores infieles

 

«Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia." Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.»

En multitud de ocasiones el Señor nos recuerda a los hombres una idea similar a la que se presenta en esta parábola (parábola de los talentos, parábola de las minas, parábola de los invitados a las bodas…): Dios creó al hombre y le entregó este mundo para que lo administrara. El hombre en lugar de servir a su Señor, se olvidó de Él y convirtió este mundo, que no era suyo, en su propio paraíso. Para ello, le dio la espalda a su Señor, se olvidó de sus mandamientos y se fabricó una vida buscando sus propios intereses y placeres.

Continue Reading

Print Email

XXVI Domingo del T.O. (A) (1 octubre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (2 Votes)

doshijos

El evangelio de hoy nos cuenta la historia de un hombre que tenía dos hijos. Llamando al mayor le dijo que fuera a trabajar a la viña. Este le respondió que iría; pero luego no fue. Más tarde le dijo lo mismo al hijo pequeño. Este se negó en un principio, pero luego se arrepintió y fue.

Valiéndose de esta sencilla parábola el Señor nos transmite una enseñanza muy actual. No basta con decir que uno cree en Dios; también hay que cumplir sus mandamientos. El Señor prefiere a aquella persona que si le ha ofendido se arrepiente y cumple su voluntad, a aquél que le promete ser fiel, pero luego no lo es.

¡Cuántas veces hemos oído: “yo creo en Dios, pero que no se meta en mis cosas”! Ya sabemos lo que dice el apóstol Santiago: “Una fe sin obras es una fe muerte”. Es decir, una persona que dice creer en Dios, pero luego no cumple sus mandamientos, es en realidad un enemigo de Dios. El hombre de hoy día no sólo se ha olvidado de Dios sino que le ha dado claramente la espalda. Eso sí, espera ser contado entre los que entren en el Reino de los Cielos; o al menos cree que no merece el castigo del infierno, pues “no mata ni roba”.

El evangelio de hoy también nos recuerda otra verdad que tendemos a olvidar. Dios es nuestro Señor (y así le llamamos). Eso indica, pues es nuestro señor, que tiene poder sobre nosotros (por eso tenemos que obedecer sus mandamientos).

Continue Reading

Print Email

XXV Domingo del T.O. (A) (24 septiembre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (2 Votes)

obreros vina

Cuando se lee este pasaje de los obreros enviados a trabajar en la viña del Señor, el primer pensamiento que nos viene, si uno no tiene muchos principios cristianos, es el de concluir que el Señor fue un poco injusto pues le pagó lo mismo a los que apenas habían trabajado; o no les pagó más a los que habían aguantado todo el peso del día y el calor. Es la misma impresión que se tiene cuando una persona que ha vivido una vida disipada y en continuo pecado, se convierte antes de morir y se arrepiente sinceramente ante Dios. La Iglesia siempre nos ha dicho que esa persona también va al cielo. En ese momento uno piensa: “¿Y uno que ha vivido toda su vida luchando por evitar el pecado y reprimiéndose para no hacer cosas malas va a recibir el mismo premio que ése que ha sido toda su vida un sinvergüenza?”

Nuestro amor al Señor es a veces tan poco sincero y profundo que pensamos así; y se nos olvida que hemos tenido toda una vida de dicha junto al Señor. Uno que piensa así es porque no conoce realmente lo que es amar a Dios. Que gracias a que hemos intentado estar siempre con Él, trabajando en su viña, hemos sido libres y felices.  

Continue Reading

Print Email

Domingo XXIV del T.O. (A) (17 septiembre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.50 (1 Vote)

confesiondesanpedro

Mt 18: 21-35

Entonces, se acercó Pedro a preguntarle: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le respondió: -No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos viene a ser como un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que así pagase. Entonces el siervo, se echó a sus pies y le suplicaba: «Ten paciencia conmigo y te pagaré todo». El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: «Págame lo que me debes». Su compañero, se echó a sus pies y se puso a rogarle: «Ten paciencia conmigo y te pagaré». Pero él no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti?» Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Del mismo modo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

Una vez más Pedro se acerca a preguntarle a Jesús una duda que tenía.

También nosotros deberíamos tener esa confianza con Jesús para acercarnos y preguntarle nuestras dudas.

El mismo Pedro que hace la pregunta da la respuesta que se solía hacer en el pueblo judío: ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano que me ofende? Hasta siete veces. Pero en cambio Jesús nos enseña que el perdón ha de ser de corazón. Una vez más, Jesús profundiza sobre una enseñanza que ya existía y le da un nuevo sentido: Nosotros tenemos que perdonar siempre del mismo modo que Dios siempre nos perdona a nosotros si acudimos a Él arrepentidos de corazón.

Continue Reading

Print Email

XXIII Domingo del T.O. (A) (10 septiembre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.67 (3 Votes)

jesus enseñando

(Mt 18: 15-20)

15«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.16Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.17Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.18«Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.19«Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.20Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

El Señor aprovechaba todas las oportunidades para ir enseñando y formando a sus discípulos según los criterios propios de la “moral y costumbres cristianas”.

Hoy nos habla de cómo hemos de proceder a la hora de corregir a alguien que ha hecho un mal o cometido un pecado: “Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”. Todos tenemos propia experiencia de cuánto cuesta aceptar una corrección cuando está hecha sin delicadeza o respecto; y más aún cuando es hecha en público.

Si la persona no acepta la corrección, entonces buscar a uno o dos más, para ver si es capaz de escuchar. En el supuesto de que la persona que ha cometido la ofensa no escuche; entonces ir a los tribunales (civiles o eclesiásticos)… Ellos son los que tienen el “poder de atar y desatar”; es decir de decir la última palabra sobre los hechos, y emitir un juicio de absolución o de condena.

Continue Reading

Print Email

More Articles ...