• Home
  • Parroquia
  • Domingos y Festivos

XXVIII Domingo del T.O. (A) (15 octubre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.50 (1 Vote)

invitadosboda

En la parábola de los invitados que rechazan ir a la boda vemos uno de los misterios del corazón del hombre más difíciles de explicar: El hombre, creado por Dios, prefiere darle la espalda a su Creador para vivir su propia vida.

Dios solo quiere que el hombre sea feliz. Le ha enseñado muchos modos (a través de los profetas, e incluso de su propio Hijo) para conseguirlo; pero el hombre quiere buscar otros caminos “más fáciles” para lograr “su felicidad”. El Señor nos ha dicho muchas veces que lo mejor es seguirle, cargar con su cruz… (“Yo soy el camino, la verdad y la vida. El que me sigue no anda en tinieblas”), pero el hombre, cegado por la soberbia y el pecado, prefiere escuchar antes al Demonio que a su Creador.

Cuando el hombre toma la decisión de elegir su propio camino (= darle la espalda a su Creador), muchas veces lo hace sin ser plenamente consciente de lo que hace, aunque no por ello deja de ser culpable. En realidad se ha dejado engañar por el Demonio.

El misterio radica en esto: ¿Cómo puede ser el hombre tan ciego? En el fondo no es sino maldad del corazón. Ya tomó su opción: “vivir su propia vida”, aunque ello le suponga dar la espalda a Dios. Y olvida lo que nos dijo Cristo: “El que busque su propia vida la perderá. Pero el que pierda su vida por mí, ése la encontrará”.

El demonio nos promete una felicidad para esta vida sin tener que cumplir leyes ni mandamientos, pero lo que realmente busca es que nos condenemos en esta vida y luego para toda la eternidad. Abramos realmente los ojos. Dios no quiere nada malo para nosotros, sino todo lo contrario. Nos ha dado muchas pruebas de su amor. Hasta mandó a su propio Hijo.

Print Email

XXVII Domingo del T.O. (A) (8 octubre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 3.63 (4 Votes)

vinadores infieles

Mt 21: 33-43

Parábola de los viñadores infieles

 

«Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia." Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.»

En multitud de ocasiones el Señor nos recuerda a los hombres una idea similar a la que se presenta en esta parábola (parábola de los talentos, parábola de las minas, parábola de los invitados a las bodas…): Dios creó al hombre y le entregó este mundo para que lo administrara. El hombre en lugar de servir a su Señor, se olvidó de Él y convirtió este mundo, que no era suyo, en su propio paraíso. Para ello, le dio la espalda a su Señor, se olvidó de sus mandamientos y se fabricó una vida buscando sus propios intereses y placeres.

Continue Reading

Print Email

XXVI Domingo del T.O. (A) (1 octubre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (2 Votes)

doshijos

El evangelio de hoy nos cuenta la historia de un hombre que tenía dos hijos. Llamando al mayor le dijo que fuera a trabajar a la viña. Este le respondió que iría; pero luego no fue. Más tarde le dijo lo mismo al hijo pequeño. Este se negó en un principio, pero luego se arrepintió y fue.

Valiéndose de esta sencilla parábola el Señor nos transmite una enseñanza muy actual. No basta con decir que uno cree en Dios; también hay que cumplir sus mandamientos. El Señor prefiere a aquella persona que si le ha ofendido se arrepiente y cumple su voluntad, a aquél que le promete ser fiel, pero luego no lo es.

¡Cuántas veces hemos oído: “yo creo en Dios, pero que no se meta en mis cosas”! Ya sabemos lo que dice el apóstol Santiago: “Una fe sin obras es una fe muerte”. Es decir, una persona que dice creer en Dios, pero luego no cumple sus mandamientos, es en realidad un enemigo de Dios. El hombre de hoy día no sólo se ha olvidado de Dios sino que le ha dado claramente la espalda. Eso sí, espera ser contado entre los que entren en el Reino de los Cielos; o al menos cree que no merece el castigo del infierno, pues “no mata ni roba”.

El evangelio de hoy también nos recuerda otra verdad que tendemos a olvidar. Dios es nuestro Señor (y así le llamamos). Eso indica, pues es nuestro señor, que tiene poder sobre nosotros (por eso tenemos que obedecer sus mandamientos).

Continue Reading

Print Email

XXV Domingo del T.O. (A) (24 septiembre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (2 Votes)

obreros vina

Cuando se lee este pasaje de los obreros enviados a trabajar en la viña del Señor, el primer pensamiento que nos viene, si uno no tiene muchos principios cristianos, es el de concluir que el Señor fue un poco injusto pues le pagó lo mismo a los que apenas habían trabajado; o no les pagó más a los que habían aguantado todo el peso del día y el calor. Es la misma impresión que se tiene cuando una persona que ha vivido una vida disipada y en continuo pecado, se convierte antes de morir y se arrepiente sinceramente ante Dios. La Iglesia siempre nos ha dicho que esa persona también va al cielo. En ese momento uno piensa: “¿Y uno que ha vivido toda su vida luchando por evitar el pecado y reprimiéndose para no hacer cosas malas va a recibir el mismo premio que ése que ha sido toda su vida un sinvergüenza?”

Nuestro amor al Señor es a veces tan poco sincero y profundo que pensamos así; y se nos olvida que hemos tenido toda una vida de dicha junto al Señor. Uno que piensa así es porque no conoce realmente lo que es amar a Dios. Que gracias a que hemos intentado estar siempre con Él, trabajando en su viña, hemos sido libres y felices.  

Continue Reading

Print Email

Domingo XXIV del T.O. (A) (17 septiembre 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.50 (1 Vote)

confesiondesanpedro

Mt 18: 21-35

Entonces, se acercó Pedro a preguntarle: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le respondió: -No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos viene a ser como un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que así pagase. Entonces el siervo, se echó a sus pies y le suplicaba: «Ten paciencia conmigo y te pagaré todo». El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: «Págame lo que me debes». Su compañero, se echó a sus pies y se puso a rogarle: «Ten paciencia conmigo y te pagaré». Pero él no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti?» Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Del mismo modo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

Una vez más Pedro se acerca a preguntarle a Jesús una duda que tenía.

También nosotros deberíamos tener esa confianza con Jesús para acercarnos y preguntarle nuestras dudas.

El mismo Pedro que hace la pregunta da la respuesta que se solía hacer en el pueblo judío: ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano que me ofende? Hasta siete veces. Pero en cambio Jesús nos enseña que el perdón ha de ser de corazón. Una vez más, Jesús profundiza sobre una enseñanza que ya existía y le da un nuevo sentido: Nosotros tenemos que perdonar siempre del mismo modo que Dios siempre nos perdona a nosotros si acudimos a Él arrepentidos de corazón.

Continue Reading

Print Email

More Articles ...