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Domingo V del T.O. (A) (5 de febrero de 2017)

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luzdelmundo C“Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. ”

Después de habernos dicho el Señor en el Sermón de la Montaña (Mt 5: 1-12) lo que ha de hacer su discípulo para ser feliz y bienaventurado, ahora nos dice qué es lo que Él espera de nosotros: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo”.

La sal sirve para dar sabor y preservar de la corrupción a los alimentos. El cristiano ha de ser quien dé sabor y sentido a la vida del hombre sobre la tierra. Su forma de vivir y pensar ha de sazonar el mundo en el que vive. Y al mismo tiempo preservará al mundo de la corrupción.

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Domingo IV del T.O. (A) (29 enero 2017)

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bienaventuranzas

Las Bienaventuranzas son el núcleo de las enseñanzas de Cristo. En otro lugar, Jesucristo contraponía sus enseñanzas con lo que se había dicho anteriormente: “Habéis oído que se dijo…, pero yo os digo”; ahora, explicita cómo ha de ser un seguidor de Cristo. Esta doctrina es totalmente nueva y especial. Para muchos hombres puede parecer “irracional” o “exagerada”, pero este fue, junto con “amaos como yo os he amado” el mensaje especial que Cristo nos quiso dejar a sus seguidores.

Las Bienaventuranzas son un a modo de resumen de lo más esencial que ha de vivir el cristiano: ser pobre de espíritu, limpio de corazón, ser manso y humilde…

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos

El pobre para Jesús, no es aquél que no tiene cosas, sino más bien aquél que no tiene su corazón puesto en las cosas.

Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra

No es fácil entender como Cristo te pide que seas maso, cuando el mundo es violento, cuando para los hombres, el importante es el más fuerte, el más poderoso.

Ser manso significa ser bondadoso, tranquilo, paciente y humilde.

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Domingo III del T.O. (A) (22 de enero de 2017)

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conversion C

San Mateo  4: 12 - 23

Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.  Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;  para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!  El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.  Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.» 

Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,  y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.»  Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.  Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó.  Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.  Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 

La conversión y el seguimiento son dos ideas centrales del mensaje evangélico.

Conversión significa cambio profundo de la mente y del corazón. Por este cambio se rechaza el mal, el pecado… y todo aquello que nos puede separar de Dios. Pero no hay auténtica conversión si no se da un paso más: la aceptación del Bien que es Dios.

Así pues, la verdadera conversión tiene dos fases: la primera de rechazo del pecado, y la segunda, la aceptación de Cristo. No hay auténtica conversión si no se dan los dos pasos. No es suficiente decir “yo no mato ni robo”; también hay que decir: “Jesús es lo primero en mi vida”, “para mí la vida es Cristo” (Fil 1:21).

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Domingo II del T.O. (A) (15 enero 2017)

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Agnus Dei C

San Juan 1: 29 - 34

Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»

Desde el comienzo de la vida pública de Jesús, San Juan Bautista le anunció como aquél que iba a quitar los pecados del mundo. Jesús era el nuevo y definitivo Cordero de Dios. Con el sacrificio del nuevo Cordero, Dios borraría los pecados del hombre y las puertas del cielo se abrirían de nuevo para él.

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Fiesta del Bautismo del Señor (A) (8 enero 2017)

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Mateo 3: 13 - 17

Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

El domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía se celebra la Fiesta del bautismo de Cristo. Con él, se cierra el tiempo de Navidad; para así comenzar a partir del lunes el tiempo llamado Ordinario; el cual se verá interrumpido con el Miércoles de Ceniza (comienzo de la Cuaresma).

Cuando Cristo se metió en la fila para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía qué hacer. Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14).

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