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Solemnidad de Cristo Rey (26 noviembre 2017)

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cristo rey

La celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.

Cristo Rey anuncia la Verdad y esa Verdad es la luz que ilumina el camino amoroso que Él ha trazado, con su Vía Crucis, hacia el Reino de Dios. "Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Así como el demonio tentó a Eva con engaños y mentiras para que fuera desterrada, ahora Dios mismo se hace hombre y devuelve a la humanidad la posibilidad de regresar al Reino, cuando cual cordero se sacrifica amorosamente en la cruz.

Esta fiesta celebra a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo, que como pastor guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina.

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XXXIII Domingo del T.O. (A) (19 noviembre 2017)

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talentos

Parábola de los Talentos
(San Mateo 25: 14-30)

Conforme nos vamos acercando al fin del año litúrgico, la Iglesia nos presenta en las lecturas de la Misa los pasajes relacionados con el fin del mundo. En ellos aparecen asociadas ideas como:

El mundo fue creado por Dios y a Él le pertenece. Del mismo modo que lo creó, le pondrá un fin.

Nosotros fuimos creados por Dios, recibimos de Él unos talentos, y tendremos que dar cuenta de qué es lo que hemos hecho con ellos durante nuestra existencia en la tierra. Según ello, recibiremos premio o castigo. Aquellos que guardaron los talentos que recibieron de Dios y se dedicaron a vivir su vida también serán juzgados; pero por no haber dado fruto serán condenados al fuego eterno. En cambio aquellos que hicieron producir los talentos recibidos por Dios serán premiados para toda la eternidad.

A través de estos pasajes vemos claramente que la existencia del hombre sobre la tierra no se puede separar de Dios. El hombre fue creado por Dios para darle gloria, amar a Dios y ser amado por Él.

La vida del hombre no tiene sentido si se le separa de Dios. El hombre dispone de todos sus años en la tierra para comprender esta realidad y vivirla. Al final de sus días será premiado o castigado según haya actuado.

Frente a estas enseñanzas vemos el modo de pensar y proceder de la sociedad actual. Una sociedad que ha dado la espalda a Dios en sus creencias, leyes, costumbres… El fin de la misma no puede ser bueno,  a no ser que cambie y vuelva a Dios.

Nosotros no podemos hacer mucho para cambiar la sociedad, pero sí podemos cambiar nosotros mismos. Al fin y al cabo, lo que Dios juzgará no será la sociedad sino a las personas. Serán las personas las que recibirán premio o castigo.

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XXXII Domingo del T.O. (A) (12 noviembre 2017)

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diez virgenes

Parábola de la diez vírgenes
Mt 25: 1-13

“Entonces el Reino de los Cielos será como diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro! Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Y las necias les dijeron a las prudentes: Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes les respondieron: «Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras. Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Pero él les respondió: En verdad os digo que no os conozco. írPor eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

La parábola de las diez vírgenes es una de las parábolas de los evangelios que nos hablan de la actitud de preparación y espera que ha de tener el cristiano ante la llegada de Cristo. Esa llegada de Cristo se identifica para cada uno con el momento de su muerte; es por ello que, dado que no conocemos cuándo vamos a morir, debemos estar siempre preparados.

De las diez vírgenes que nos habla el evangelio, cinco sí estaban preparadas con sus lámparas, mientras que otras cinco, debido a que el Esposo tardaba en llegar, no habían provisto sus lámparas con la cantidad suficiente de aceite, por lo que cuando llegara el esposo estarían apagadas. El Esposo tardaba en llegar. Las vírgenes, tanto las que estaban preparadas como las que no lo estaban, se quedaron durmiendo. Cuando menos lo esperaban llegó el Esposo…, y ya sabemos lo que ocurrió.

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XXXI Domingo del T.O. (A) (5 noviembre 2017)

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Jesús habla a sus discípulos

Los escribas y fariseos puestos al descubierto
Mt 23: 1-12

Entonces Jesús habló a las multitudes y a sus discípulos diciendo: -En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced y cumplid todo cuanto os digan; pero no obréis como ellos, pues dicen pero no hacen. Atan cargas pesadas e insoportables y las echan sobre los hombros de los demás, pero ellos ni con uno de sus dedos quieren moverlas. Hacen todas sus obras para que les vean los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan sus franjas. Anhelan los primeros puestos en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas y que les saluden en las plazas, y que la gente les llame rabbí. Vosotros, al contrario, no os hagáis llamar rabbí, porque sólo uno es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque sólo uno es vuestro Padre, el celestial. Tampoco os dejéis llamar doctores, porque vuestro doctor es uno sólo: Cristo. Que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor. El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.

En este pasaje, el Señor recrimina la conducta de los escribas y fariseos por ser unos hipócritas. El Señor nos da una lista de lo que ellos enseñan, pero que luego no cumplen. Buscan honores como consecuencia del cargo que tienen, pero en realidad son sepulcros blanqueados.

El Señor aprovecha la situación para decirle a las multitudes, y en especial a sus discípulos, que ellos no sean así. Frente a ello, enseña que nuestra conducta ha de ser humilde y que en todo momento es preferible pasar desapercibido cumpliendo con la voluntad de su Padre.

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Solemnidad de Todos los Santos (1 noviembre)

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All-Saints

"El Día de Todos Los Santos es una solemnidad cristiana instituida en honor de Todos los Santos, conocidos y desconocidos, según el papa Urbano IV, para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles. En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre

Historia

La Iglesia Primitiva acostumbraba celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar del martirio. Frecuentemente los grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común.

En la persecución de Diocleciano el número de mártires llego a ser tan grande que no se podía separar un día para asignársela. Pero la Iglesia, sintiendo que cada mártir debería ser venerado, señaló un día común para todos. La primera muestra de ello se remonta a Antioquia en el Domingo antes de Pentecostés.

Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los Santos y arregló el aniversario para el 1 de noviembre. La basílica de los Apóstoles que ya existía en Roma, ahora su dedicación sería recordada anualmente el 1 de mayo. Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.

La vigilia parece haber sido llevada a cabo antes que la misma fiesta. Y la octava fue adicionada por Sixto IV en el siglo XV. Esta vigilia, resultó sin embargo, coincidir con la celebración pagana de Samhain el 31 de octubre, ahora llamado Halloween (nombre que proviene de la frase "All hallow's Eve" o "Víspera de Todos los Santos" entre los anglosajones), que marcaba el final del año celta.

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