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2º Domingo del T.O. (B) (14 enero 2018)

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llamada san pedro

1 Cor 6: 17-20

¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?

La segunda lectura del día de hoy nos habla de un pecado muy grave pero que hoy día se ha hecho tan común que prácticamente nadie se confiesa de Él. San Pablo nos habla de la gravedad de la fornicación y al mismo tiempo nos da las razones por las cuales no debemos cometer ese pecado: ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?

Jn 1: 35-42

Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra".

En el evangelio de hoy destacaremos dos ideas entre muchas otras. La primera es la actitud de San Juan Bautista cuando vio a Jesús. San Juan Bautista tenía discípulos que le seguían a él y le escuchaban; pero cuando vio a Jesús no perdió la oportunidad de hablarles a sus discípulos de Jesús para que le siguieran a Él. San Juan no temió quedarse sin sus discípulos. Su libertad de corazón le llevó a enseñarles un camino mejor: Cristo. Este debería ser el modo de proceder de los padres. Han de cuidar de sus hijos; recordando siempre que los hijos no les pertenecen. Llegará un momento en el que los hijos tendrán que volar fuera del hogar. Los padres tendrán que encaminarles para que cada uno descubra su vocación, y luego proporcionarles libertad y medios para que puedan seguirla. Por otro lado, los padres han de señalar siempre a Cristo a través de sus palabras y sobretodo de su ejemplo de vida.

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El Bautismo de Jesús (B) (7 enero 2018)

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bautismo jesus

Jesús avanza decidido entre el grupo de peregrinos que viene de Galilea; se coloca ante Juan que lo reconoce, y comienza un breve diálogo. Jesús ha llegado al Jordán para ser bautizado por Juan. Pero éste se resiste diciendo: "Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí?"

El Bautista dirá más tarde que no le conocía. No le conocía como Mesías y portador del bautismo de fuego y del Espíritu Santo, pero le conoce como pariente, al menos de oídas, por las palabras de su madre Isabel y de su padre Zacarías. Sabe que Jesús es justo, que no hay pecado en Él, que reza, que ama a Dios, que ama a su padres. Quizá sabe más cosas, pero no lo sabe todo, pues el silencio de la vida oculta se extiende tanto a los cercanos en los lazos de sangre, como en los espirituales. Respondiendo Jesús le dijo: "Déjame ahora; así es como debemos nosotros cumplir toda justicia. Entonces Juan se lo permitió".

Y cumple Jesús toda justicia. Desciende a las aguas ante Juan. En aquellos momentos el inocente de todo pecado asume todos los pecados de los hombres. Los pecados de los hombres caen sobre sus espaldas, y los asume haciéndose pecado, como si fuesen suyos, sin serlo. Esta decisión libre le costará sangre y sudor, amor difícil, amor total que llegará a estar crucificado.

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Fiesta de la Sagrada Familia (B) (31 diciembre 2017)

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sagrada familia

(Lc 2; 22-40)

En el evangelio de hoy vemos claramente cuatro partes:

La primera parte habla del deseo de José y María de cumplir con lo que la ley judía prescribía: “Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor"; y para presentar como ofrenda "un par de tórtolas o dos pichones", según lo mandado en la Ley del Señor.

La segunda parte habla de la profecía de Simeón: Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. “…Simeón vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo…”

  • El contenido de esta profecía es el siguiente: “Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Con ello estaba profetizando cuál sería la misión de Cristo (ser ruina y resurrección para muchos, y también ser signo de contradicción).  Frente al cristianismo actual que está lleno de concesiones y cobardía, el mensaje de Cristo y su persona es siempre “signo de contradicción”.
  • Y qué es lo que le ocurriría a María: “tu alma será traspasada por una espada para que así se descubran los pensamientos de muchos corazones”. María vería a su Hijo condenado por su propio pueblo, abofeteado, coronado de espinas, clavado en la cruz, despreciado por todos y en aparente fracaso. Demasiado para ella. Este sufrimiento de María abriría el corazón de muchos.

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Solemnidad de María la Madre de Dios (1º enero)

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maria madre C

La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. La fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente es la de "María Madre de Dios". Ya en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre: "María, Madre de Dios".

Si nosotros hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿qué cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí formó a su propia madre. Y ya podemos imaginar que la dotó de las mejores cualidades que una criatura humana puede tener.

Pero, ¿es que Dios ha tenido principio? No. Dios nunca tuvo principio, y la Virgen no formó a Dios. Pero Ella es Madre de uno que es Dios, y por eso es Madre de Dios.

Y qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao: "La Madre de Dios es también madre mía". Quien nos dio a su Madre santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo que nos representaba a nosotros: "He ahí a tu madre", ¿será capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de la Madre Santísima?

Al saber que nuestra Madre Celestial es también Madre de Dios, sentimos brotar en nuestro corazón una gran confianza hacia Ella.

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IV Domingo de Adviento (B) (24 diciembre 2017)

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anunciacion

(San Lucas 1, 26-37)

Estamos ya a las puertas de la Navidad. La Iglesia nos presenta en el evangelio de hoy el episodio de la Anunciación a la Virgen María de que iba a ser la Madre de Dios. Es, quizás, el momento clave más importante de la historia del hombre; cuando el Hijo (segunda Persona de la Santísima Trinidad) se encarna en el seno de una mujer virgen, adquiriendo de ese modo una perfecta naturaleza humana. Desde ese momento, y ya para toda la eternidad, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, será Dios y Hombre.

El hecho de que el Hijo se hiciera hombre, no sólo le abrió al hombre las puertas del cielo, a través de su muerte y resurrección, sino que también le enseñó al hombre a amar a Dios; se constituyó para todos nosotros en modelo y ejemplo (Jn 13, 15, Jn 11, 25-26); y es desde entonces camino, verdad y vida (Jn 14,6) , y el único camino para llegar al Padre (1 Jn 2, 22-23).

Así pues, la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María es el comienzo de una nueva vida, es la posibilidad para el hombre de ponerse de nuevo en paz con Dios, es en el fondo la causa principal de alegría para un cristiano. Dios ya no está lejos de nosotros, desde ese momento, Dios ya está con nosotros.

El evangelio de la Encarnación del Hijo de Dios es el preludio de su Nacimiento. Es el comienzo de la alegría del cristiano. Es en definitiva, el triunfo del poder de Dios sobre el demonio; y con él, el triunfo del hombre.

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