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Domingo XXIX del T.O. (C) (16 octubre 2013)

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prayer

Lucas 18: 1 - 8

Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer.

El Señor nos habla de una de las propiedades que ha de tener nuestra oración: la perseverancia. Hemos de orar constantemente y sin desanimarnos nunca. El Señor nos escucha siempre. No obstante Él no hará lo que más nos guste a nosotros, sino lo que más nos convenga. Además, a veces tendremos que insistir, como Santa Mónica orando por la conversión de su hijo (el que luego sería San Agustín). Incluso, debido a nuestra insistencia podríamos cambiar la voluntad del Señor, como en el caso de las bodas de Caná. Por la insistencia de la Virgen, Jesús accedió a hacer el milagro.

«Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia contra mi adversario!" Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme."»

El juez atendió la petición de la mujer, no tanto porque le preocupaba que se hiciera justicia, cuanto por el hecho de que le dejara tranquilo.

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto.

Si un juez, a quien no le preocupaba mucho que se hiciera justicia, atendió a la mujer debido a su insistencia; ¡cuánto más el Señor, que es bueno y nos ama, oirá nuestras peticiones!

Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

Acaba el evangelio de hoy con esta frase un tanto extraña, pero que es profética: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra? Da la impresión que el Señor nos quiere decir que al final de los tiempos se irá perdiendo la fe en los pueblos; se producirá el abandono de la fe de un modo generalizado y al final, cuando Él venga, ya serán muy pocos los fieles a Cristo.

Con eso el Señor nos quiere decir que no nos hemos de extrañar con lo que está ocurriendo con la fe en los pueblos. Da la impresión, como si el fin de los tiempos se estuviera aproximando.

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Domingo XXVIII del T.O. (C) (9 octubre 2016)

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EL LEPROSO AGRADECIDO

San Lucas 17: 11 - 19

Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»

Estos leprosos estaban desesperados. Habían perdido sus familias, pertenencias, e incluso sus propias vidas. Nada en este mundo les podía ayudar. De pronto ven a lo lejos a Jesús. Ellos saben el poder que Él tiene; pero tienen miedo de acercarse no sea que Jesús les rechace. Por ello, desde lejos dicen las palabras que conmoverán su corazón: ¡Jesús, ten compasión de nosotros". ¿No tenemos nosotros a veces también miedo de acercarnos a Jesús y pedir su ayuda? Jesús lo puede todo. Jesús nos ama. ¿Qué esperas para acercarte a Él? Puede que Jesús también te esté esperando a tí.

Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano.

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Domingo XXVII del T.O. (C) (2 octubre 2016)

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 negaciondePedro

II Timoteo 1: 6 - 8, 13 - 14

Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza.

El cristiano ha de ser un "luchador"; y más todavía en este mundo en el que nos ha tocado vivir. Ahora la gente se avergüenza de la virtud y se vanagloria en sus vicios. Parece que el mundo está al revés. O mejor dijo, como que el demonio es el que está gobernando en el mundo y en sus costumbres.

No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios.

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Domingo XXVI del T.O. (C) (25 septiembre 2016)

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epulon

San Lucas 16. 19-31

«Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Llama la atención en este pasaje la miseria del corazón humano. Cuando se vive en la opulencia uno no se acuerda del que sufre. Si el hombre da algo es de lo que le sobra. ¡Qué pocas veces damos lo que realmente necesitamos! En el fondo, sólo el amor es el que nos puede dar fuerzas para renunciar a “vivir nuestra propia vida”.

Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.

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Domingo XXV del T.O. (C) (18 septiembre 2016)

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administrador infiel

San Lucas 16: 1-13

“Decía a los discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, el cual fue acusado de disiparle la hacienda. Llamóle y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir de mayordomo. Y se dijo para sí el mayordomo: ¿Qué haré, pues mi amo me quita la mayordomía? Cavar no puedo, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que he de hacer para que, cuando me destituya de la mayordomía, me reciban en sus casas.

A veces olvidamos que nosotros no somos más que administradores de Dios. Dios nos pedirá cuentas al final de nuestras vidas del uso que hayamos dado a lo que Dios nos confió: la vida, los “talentos”, los hijos…; y nos premiará o castigará según ello.

El hombre tiene un doble modo de proceder ante tantos dones recibidos: Uno, ser responsable y cuidadoso, intentando hacerlo lo mejor posible; y otro, olvidar esa misión y tratar de vivir “su vida” sin ocuparse de Dios. ¿Y tú qué estás haciendo? ¿Eres consciente de que Dios te pedirá cuentas?

El hombre “mundano” tiende a olvidar que es criatura de Dios. Nuestra vida no tiene sentido sin Dios. San Agustín solía decirlo con palabras muy bellas: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

….

El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho: y el que en lo poco es infiel, también es infiel en lo mucho. Si vosotros, pues, no sois fieles en las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas? Y si en lo ajeno no sois fieles, ¿quién os dará lo vuestro?

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