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Domingo XXVII del T.O. (C) (2 octubre 2016)

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 negaciondePedro

II Timoteo 1: 6 - 8, 13 - 14

Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza.

El cristiano ha de ser un "luchador"; y más todavía en este mundo en el que nos ha tocado vivir. Ahora la gente se avergüenza de la virtud y se vanagloria en sus vicios. Parece que el mundo está al revés. O mejor dijo, como que el demonio es el que está gobernando en el mundo y en sus costumbres.

No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios.

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Domingo XXVI del T.O. (C) (25 septiembre 2016)

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epulon

San Lucas 16. 19-31

«Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Llama la atención en este pasaje la miseria del corazón humano. Cuando se vive en la opulencia uno no se acuerda del que sufre. Si el hombre da algo es de lo que le sobra. ¡Qué pocas veces damos lo que realmente necesitamos! En el fondo, sólo el amor es el que nos puede dar fuerzas para renunciar a “vivir nuestra propia vida”.

Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.

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Domingo XXV del T.O. (C) (18 septiembre 2016)

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administrador infiel

San Lucas 16: 1-13

“Decía a los discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, el cual fue acusado de disiparle la hacienda. Llamóle y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir de mayordomo. Y se dijo para sí el mayordomo: ¿Qué haré, pues mi amo me quita la mayordomía? Cavar no puedo, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que he de hacer para que, cuando me destituya de la mayordomía, me reciban en sus casas.

A veces olvidamos que nosotros no somos más que administradores de Dios. Dios nos pedirá cuentas al final de nuestras vidas del uso que hayamos dado a lo que Dios nos confió: la vida, los “talentos”, los hijos…; y nos premiará o castigará según ello.

El hombre tiene un doble modo de proceder ante tantos dones recibidos: Uno, ser responsable y cuidadoso, intentando hacerlo lo mejor posible; y otro, olvidar esa misión y tratar de vivir “su vida” sin ocuparse de Dios. ¿Y tú qué estás haciendo? ¿Eres consciente de que Dios te pedirá cuentas?

El hombre “mundano” tiende a olvidar que es criatura de Dios. Nuestra vida no tiene sentido sin Dios. San Agustín solía decirlo con palabras muy bellas: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

….

El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho: y el que en lo poco es infiel, también es infiel en lo mucho. Si vosotros, pues, no sois fieles en las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas? Y si en lo ajeno no sois fieles, ¿quién os dará lo vuestro?

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Domingo XXIV del T.O. (C) (11 septiembre 2016)

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 La-oveja-perdida

Lc 15: 1-10

Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»

Es curioso que la gente considerada públicamente como “malvada” se acercaba a Jesús con el corazón abierto y con ganas de oírle y convertirse. En cambio, los oficialmente “justos” iban a Jesús con un espíritu crítico y de rechazo. Ante esta actitud tan poco caritativa Jesús les propone la parábola de la oveja perdida para que puedan entender su conducta.

Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido."

Para Jesús cada uno de nosotros es importante. El hará todo lo posible por encontrarse con esa “oveja perdida” y ayudarle a volver al redil. Una vez que la encuentre, Jesús se llenará de gozo y la llevará consigo.

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Domingo XXIII T.O. (C) (4 septiembre 2016)

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tomar cruz

Iba con él mucha gente, y se volvió hacia ellos y les dijo:

El Señor tenía un tremendo poder de atracción sobre las personas. Su mismo rostro cautivaba, sus palabras conmovían. Era muy difícil escucharle y luego no sentirse obligado a tomar una decisión sería sobre la propia vida.  El hablar del Señor esa claro, sencillo y muy directo; como vemos en las palabras de este evangelio.

-Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y a sus hermanas, hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede ser mi discípulo.

A veces puede dar la impresión de que el Señor es un poco exagerado en sus condiciones; pero a decir verdad, es el único modo si deseamos seguirle realmente. Recordemos esas otras palabras donde dice: “No se puede servir a dos señores”. Si intentamos servir a dos señores, al final, no serviremos a ninguno.

Las condiciones que el Señor pone para seguirlo no son exageradas; es más bien que nuestro amor es muy pequeño. Cuando algo nos interesa mucho, no nos preocupan tanto los esfuerzos que tengamos que hacer para conseguirlo.

»Porque, ¿quién de vosotros, al querer edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos a ver si tiene para acabarla? No sea que, después de poner los cimientos y no poder acabar, todos los que lo vean empiecen a burlarse de él, y digan: «Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar». ¿O qué rey, que sale a luchar contra otro rey, no se sienta antes a deliberar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando todavía está lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

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