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Domingo XIX T.O. (C) (7 Agosto 2016)

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simprepreparados

Lucas  12: 35 - 40

«Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.»

El Señor nos habla en el evangelio de hoy de dos hechos que ocurrirán antes o después en la vida de todos los hombres:

1.- La venida de Jesús para pedirnos cuentas de las acciones que hayamos realizado a lo largo de nuestra vida.

2.- La actitud que deberemos tener ante esta realidad; pues no sabemos cuándo vendrá a pedirnos cuentas: “Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran”.

Da la impresión que el hombre actual, atrapado por el día a día y por su deseo desmesurado por vivir en este mundo lo más feliz posible, haya borrado de su mente estas dos ideas.

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Domingo XVIII T.O. (C) (31 julio 2016)

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cielo 

Lucas 12: 13-21

Uno de entre la multitud le dijo: -Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.

¡Qué poco amor le demostramos a Jesús cuando sólo lo buscamos para pedirle cosas materiales!

Pero él le respondió: -Hombre, ¿quién me ha constituido juez o encargado de repartir entre vosotros?  

El Señor le responde que no es esa su misión. Hecho esto nos da un aviso

Y añadió: -Estad alerta y guardaos de toda avaricia; porque aunque alguien tenga abundancia de bienes, su vida no depende de lo que posee.  

El corazón del hombre tiende a apegarse a las cosas de este mundo y a buscar en ellas su felicidad. Ha olvidado esa frase tan bella de San Agustín: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.

Y les propuso una parábola diciendo: -Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto. Y se puso a pensar para sus adentros: «¿Qué puedo hacer, ya que no tengo dónde guardar mi cosecha?» Y se dijo: «Esto haré: voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces le diré a mi alma: "Alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien"». Pero Dios le dijo: «Insensato, esta misma noche te van a reclamar el alma; lo que has preparado, ¿para quién será?»

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Domingo XVII del T.O. (C) (24 julio 2016)

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jesusrezando 

San Lucas 11: 1 - 13

Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, ensénanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.»

El Señor tenía la costumbre de orar todos los días. Ya fuera a altas horas de la noche, cuando había acabado su jornada; o bien de madrugada, antes de empezar a predicar, curar enfermos…

Tenemos que dedicar todos los días un tiempo a la oración. Por supuesto que no podrá ser cuando tengamos que cumplir con nuestros deberes cotidianos. Es por ello que tendremos que buscar todos los días un tiempo para nuestra oración. Si normalmente no lo buscamos es porque nos decimos a nosotros mismos: “¡La es verdad es que tengo tanto trabajo!”.

El tiempo dedicado a la oración no lo sacamos del tiempo que nos sobra. Una persona ocupada nunca tendrá tiempo que le sobre. Todo su día estará ocupado. Si realmente se da cuenta de la importancia de la oración, buscará ese tiempo; y por supuesto que lo encontrará. Del mismo modo que aunque estemos muy ocupados, todos los días hacemos tiempo para comer o descansar. Cuando seamos conscientes que necesitamos orar tanto como comer, entonces será cuando haremos tiempo para rezar.

El alma necesita alimento espiritual (la oración) del mismo modo que el cuerpo necesita alimento material. Si uno no come su cuerpo se debilita y enferma. Si uno no reza su alma se debilita y enferma. Será presa fácil de la tentación, la tristeza, el desánimo, la impaciencia, la soberbia, el mal carácter...

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Domingo XVI del T.O. (C) (17 julio 2016)

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MartaMaria

(Lc 10: 38-42)

El Señor va a visitar a Marta y María, que eran hermanas de Lázaro (a quien el Señor resucitaría).

Mientras que Marta se afana en las cosas de la casa, María está a los pies de Jesús escuchándole embobada.  Hay momentos en la vida en los que nuestra relación con Jesús depende de una elección personal. Marta prefirió, aunque Jesús estaba cerca, seguir haciendo las cosas de la casa. María eligió mejor. Ahora era el tiempo de estar con Jesús. Más tarde, cuando Jesús se hubiera ido o estuviera descansando, entonces podría hacer las cosas pendientes del hogar.

Marta se queja a Jesús porque su hermana no le ayuda. Hay personas que piensan que estar junto a Jesús en oración es una pérdida de tiempo. En realidad no han descubierto una de las experiencias más maravillosas que puede tener el ser humano.

Jesús corrige cariñosamente a Marta porque anda muy atareada, cuando en realidad una sola cosa es importante. María lo sabía y no quiso perder esa oportunidad.

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Domingo XV del Tiempo Ordinario (C) (10 julio 2016)

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buensamaritano

Parábola del Buen Samaritano
(San Lucas 10: 25-37)

Se levantó un doctor de la Ley, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Es bastante frecuente que el hombre intente poner a prueba a Dios. ¡Qué atrevimiento tan horrible!¡Qué falta de fe! En cuántas ocasiones también nosotros hemos hecho algo parecido y le hemos preguntado a Dios: ¿Y por qué a mí? ¿Qué mal he hecho yo para que me castigues así?

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» El Señor se zafa de la prueba y se limita a devolverle al doctor de la Ley la pregunta.

Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Este mandato también nos afecta. El catecismo nos dice: ¿Quién ama a Dios sobre todas las cosas? El que cumple todos sus mandamientos. ¡Cuántas personas hoy día se creen salvadas pero luego no cumplen  los mandamientos de Dios o de la Iglesia! Ellos se fabrican sus propios mandamientos. En realidad, se fabrican su propia fe. Da la impresión como que hubieran caído de nuevo en la tentación del Paraíso. Han olvidado que quien determina lo que es bueno o malo es Dios y no cada uno de nosotros. ¡Cuántos católicos de hoy día se consideran con derecho a la salvación pero luego rechazan las enseñanzas de Dios y de la Iglesia respecto al uso de los anticonceptivos, aborto, confesión sacramental…!

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