Cuentos con moraleja: "Salvado por un Padrenuestro"

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trampolin

Tony, un joven cercano a los veinte, era el cuarto hijo de una familia profundamente católica de Minnesota. A pesar de haber realizado una adecuada catequesis, recibido los sacramentos y llevar una discreta vida de piedad con su familia, la influencia de un amigo ateo cuando llegó a la universidad le llenó su mente de dudas, abandonó la práctica de la religión, y con ello su fe se fue apagando paulatinamente hasta casi dejar de creer en Dios.

Estaba empezando su segundo año de leyes en una universidad cercana a su pueblo natal. Le apasionaba la natación, y desde bien joven comenzó a practicar el salto de trampolín. Durante los veranos era la atracción de las chicas saltando desde el trampolín en la piscina del pueblo. Los entrenadores del equipo universitario pronto se dieron cuenta de su valía, por lo que le propusieron pertenecer al equipo de salto de la universidad. Aunque saltaba desde todas las alturas, su especialidad era el salto desde el trampolín de 10 metros.

Una noche, acabado sus estudios en casa de un amigo, pensó que sería bueno irse a la piscina universitaria a dar unos saltos antes de acostarse. Cuando llegó al recinto deportivo se encontró que todas las puertas estaban cerradas. Conociendo un truco –que sabían todos los universitarios- se coló en la piscina. Todas las luces estaban apagadas, pero como la noche estaba clara y la luna brillaba radiante en su lleno, había suficiente iluminación para practicar.

 El joven subió al trampolín más alto, fue hasta el borde y se giró para lanzarse de espaldas a la piscina al mismo tiempo que levantaba los brazos. Cuando estaba a punto de darse un fuerte impulso, abrió los ojos y miró al frente, viendo su propia sombra en la pared. La silueta de su cuerpo dibujaba exactamente la forma de una cruz. Entonces, sin saber muy bien porqué, en lugar de saltar de inmediato, se arrodilló rezando un Padrenuestro y pidiendo a Dios que le aumentara la fe.

Mientras el joven permanecía quieto rezando, el personal de limpieza entró ruidoso en la piscina y encendió las luces para trabajar. La piscina había sido vaciada varias horas antes para efectuar unas reparaciones.

Nuestro joven, desde lo alto del trampolín, observó en silencio la diminuta gente que entraba para hacer los arreglos; cuando de pronto pudo comprobar que la piscina estaba sin agua. El tiempo que el joven empleó en la oración le había salvado la vida; y el susto que se llevó, le devolvió la fe.

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En más de una ocasión también yo he salvado mi vida por haber escuchado una inspiración momentánea que no era otra cosa sino una gracia actual de Dios.

Recuerdo que un día temprano, iba conduciendo mi coche en dirección a un colegio para impartir clases, cuando me encontré con otro coche que iba circulando relativamente despacio. Así me mantuve durante varios kilómetros sin poder adelantar. Empecé a ponerme un poco nervioso porque no quería llegar tarde al colegio. Estaba esperando la mínima oportunidad para adelantarle. Delante de mí apareció una recta lo suficientemente larga para efectuar el adelantamiento. De pronto, una voz interior me dijo: “no corras”. En ese mismo instante, surgiendo de una curva, apareció un coche que iba muy veloz, y  con el cual habría chocado de no haber hecho escuchado esa “inspiración” de Dios.

El Señor se vale de muchos acontecimientos cotidianos para ayudarnos en nuestra vida. Muchos los interpretarán como “casualidades” cuando en realidad son medios que Dios usa para dirigirse a nosotros. Hay personas que saben “leer” a través de ellos, mientras que otros, la mayoría, no aprenden nunca. ¡En cuántas ocasiones Dios nos habla pero somos incapaces de oírle debido al “ruido” que nos rodea!

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